Cómo leer una etiqueta cosmética sin enloquecer

¿Alguna vez intentaste leer una etiqueta cosmética y sentiste que estabas frente a un
jeroglífico?
No sos la única. Entender los ingredientes y la información que acompaña a un producto
cosmético puede parecer un desafío técnico, pero conocer algunos principios básicos te
permite tomar decisiones más informadas y responsables.

¿Qué información debe tener una etiqueta?

Por ley, todo producto cosmético debe incluir:
● Nombre del producto y función cosmética.
● Datos del responsable o fabricante.
● Número de lote, fecha de vencimiento o PAO (period after opening, el símbolo del
frasquito abierto con un número que indica los meses de uso seguro una vez abierto).
● Contenido neto.
● Lista completa de ingredientes, denominada INCI (International Nomenclature of
Cosmetic Ingredients).

¿Qué es el INCI y por qué es importante?

El INCI es una nomenclatura estandarizada a nivel internacional que permite identificar cada
sustancia con su nombre químico o botánico oficial.
Los ingredientes se listan en orden decreciente, es decir, del que está presente en mayor
cantidad al que está en menor proporción.
Esto significa que los primeros suelen tener mayor peso en la fórmula (por ejemplo, agua,
aceites base, emulsionantes), mientras que los últimos suelen ser conservantes, fragancias o
extractos usados en pequeñas dosis.
Dato útil: los nombres en latín suelen corresponder a extractos o aceites vegetales, mientras
que los nombres en inglés o terminaciones químicas indican componentes funcionales (como
Glycerin, Cetearyl Alcohol o Sodium Benzoate).

¿Qué conviene observar con atención?

● Ingredientes irritantes o muy volátiles, como ciertos alcoholes o fragancias sintéticas
si tenés piel sensible.
● El uso excesivo de términos vagos como “natural”, “eco”, “verde” o “botánico” sin
respaldo regulatorio.
● Productos que no muestran su listado completo de ingredientes o usan un lenguaje
engañoso.
Recordá que natural no siempre significa seguro, y sintético no necesariamente implica malo.
Lo importante es la función, la concentración y la compatibilidad con tu piel.

Aprender a leer etiquetas no requiere ser química, sino desarrollar curiosidad y criterio.
La transparencia es una herramienta de empoderamiento: cuando entendemos qué estamos
aplicando sobre nuestra piel, dejamos de consumir por impulso y empezamos a elegir con
conocimiento.

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